dimecres, 2 d’abril de 2014

La espera

El telón de la noche envolvió la luna y enfureció las ganas. Dos pasaportes sin nombre se debatían fríos en mitad de la calle, y al fin, licencia para navegar. La madrugada nos balanceó y nos hallamos impúdicamente en mitad de su esencia, como en las largas tardes rojas.
Y llegó el confeti, el derroche, y las lámparas a medio gas. Esparcimos una humareda de jazmines blancos, ensanchamos paredes que humedecían a nuestro ritmo y trazamos incontables compases sin espera. Y como un augurio, la espera nos mató.
Yo esperé acortar distancias, tu preparabas un nuevo lecho. Aguardé impaciente tu llamada, recelabas triste mi ausencia; te empapé de palabras, me pensabas al milímetro; presagié las tormentas y finalmente, nos dejaste caer la nieve.
 Aunque tu mujer ande deshojando días y sorteándote en las noches.







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